sábado

 

David contra Goliat

Era un día cualquiera, de esos que queda grabado parcialmente en la memoria, pero que con la ayuda de los demás se puede completar. Estábamos nuestro grupito de siempre, se puede olvidar algún nombre, pero creo que este olvido es perdonable, han pasado más de 30 años, incluso puedo incluir a alguien que no estuviera presente, pero eso, creo que no importa: Manolín, José Ramón, Juany, Polaco, Pepe Gutiérrez, Paquito, Pepe Villalba, Luisito, Jacobo, Emilio, Pepín, José Carlos, Alfonsi…
Nos habíamos juntado varias generaciones, y no se porqué motivo nos encaminamos hacia un lugar, que siempre le hemos tenido, y yo particularmente lo sigo teniendo, un gran respeto y en cierto modo, hasta miedo.
Creo recordar, una calle larga, asfaltada, brillante, con árboles de moras en ambos lados, donde más de una vez hemos ido a coger hojas de moras para los gusanos de seda, y de reojo, miraba hacia el final de esa calle, con cierto temor y angustia.
Y quién no ha criado a esos bichos, comprábamos unos cuantos o no sé porqué motivo, llegaba a nuestras manos, y cuando menos lo esperaba uno, tenía la casa llena, y al final, no se sabía donde iban a parar, ni que hacer con ellos.
Al final de esa calle, a mano derecha, había una pequeña explanada (creo que aún sigue existiendo ese solar), había improvisado uno de esos innumerables campos de futbol de patio que existían por aquellos tiempos, en cualquier lugar, donde con cuatro piedras, una pelota, una “patulea” de chavales y ganas de correr, disputábamos partidos de futbol, que sinceramente, nunca conducían a ningún lugar, ni sacábamos beneficio alguno, solamente terminar empapados de sudor y destrozar los zapatos.
No recuerdo exactamente, si el partido que íbamos a disputar, estaba concertado de antemano, lo cierto es, que cuando estábamos allí, los componentes del otro equipo, al contemplar el cartel de futbolistas que llevábamos, nos infravaloraron, y se negaron a jugar, y tras arduas conversaciones, conseguimos iniciar el dichoso partido.
A estas alturas, de este relato, alguien se preguntará el porqué de este título: “David contra Goliat”.
Había que estar allí, y ver que los rivales nos ganaban en edad y envergadura, pero la confianza en esta vida, es mala compañera de viajes; ese día realizamos un extraordinario encuentro, y al final ganamos por goleada: 5 a 1.

¿Sabe alguien dónde disputamos ese encuentro? Ahí dejo la pregunta, para obligaros y haceros partícipe de este pequeño relato, o cuento.

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jueves

 

El Barrero

La memoria juega malas pasadas, pero a veces siento la necesidad de plasmar, en un papel, esos vagos recuerdos que forman parte del pasado, antes de que se pierdan definitivamente, con el paso de los años, o cualquier otra circunstancia.
Recuerdo aquellas maravillosas tardes de verano, nos reuníamos unos cuantos, y bajo cualquier determinación, decidíamos ir al Barrero, ya desaparecido, sepultado en el tiempo.
Por increíble que parezca, ese enorme boquete realizado por el hombre para la extracción de barro arcilloso, y posteriormente, para la fabricación de ladrillos y tejas, tenía un diámetro aproximado de trescientos o cuatrocientos metros, y una profundidad de unos cien metros, siendo utilizado posteriormente de escombreras, y actualmente tapado y convertido sus terrenos en una especie de parque.
En su parte más profunda, contenía un pequeño lago, hábitat de numerosas ranas, galápagos y pequeñas aves, rodeado de un espeso cañizal. Era un terreno angosto, de un color gris claro, falto de vegetación, que recordaba un suelo espacial, todavía conservando las características rampas para el acceso de vehículos pesados para el transporte de material.
La primera vez que lo contemplé, desde uno de sus bordes superiores, me produjo un enorme respeto y admiración, porque, en cierto modo, era peligroso, contenía por aquellos días bastante agua; sus paredes eran prácticamente verticales, en forma de embudo, y más de un imprudente chaval, había perecido ahogado en sus oscuras y grises aguas, y creo que ese fue el motivo de esta primera visita.
Todavía recuerdo la primera vez que bajé, fue con Paquito. Una vez abajo, contemplamos aquellas enormes paredes, rodeándonos por completo, parecía que nos quería engullir, aquel silencio, aquel atardecer.... Fue una primera experiencia fugaz. No duramos mucho tiempo en sus profundidades, porque nos entró un ataque de pánico, pensamos que aquello se podía cerrar, y quedaríamos atrapados, allí para siempre. Salimos corriendo.
Creo que fue una de las escaladas más rápidas que tuvo lugar por aquellos lares.

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viernes

 

Nuestro Entorno


¿No habeis sentido alguna vez la necesidad de volver a contemplar nuestro entorno como era antes? Podeis emitir comentarios, sobre las personas y lugares que aparacen, o entrar y editar-introducir cualquier comentario para ampliar la información plasmada en fotografías.


¿NO HAY NADA EN ESTAS FOTOS QUE OS PUEDA SUGERIR ALGO?

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miércoles

 

Coma pasan los años.


Antigua foto realizada hace más de 40 años, donde apreciamos a mis Padres y a otra pareja singular, Carmen Palomo y su marido Manolo, por cierto, siempre he sabido quienes eran.

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