jueves

 

El Puenta de Lavaera


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miércoles

 

EL BUEN CAMINO

Los chavales del barrio nos solíamos reunir en el segundo patio de la añorada calle del Pozo, esta calle fue cómplice, amiga y testigo del rápido y fugaz paso de la infancia a la adolescencia. Compañera de juegos, de alegrías y tristezas, de risas y lágrimas, observadora silenciosa de la inocencia y la maldad. La calle mira, observa, escucha y habla, la calle te enseña los caminos que hay, el bueno y el menos bueno y te da la oportunidad de que seas tú el que lo elijas, te da tiempo y consejos para que no te equivoques y te ayuda a pensar y a reflexionar, pero eres tú el que tienes la última palabra. Todas las calles no te enseñan lo mismo, pero esta fue una buena maestra con muy buenos alumnos y la gran mayoría aprobó con nota alta. Aquí transcurrió la segunda etapa de mi infancia y posterior adolescencia y me alegro de ello. La repetiría sin ningún tipo de duda.
Tus padres son los primeros en transmitirte unos principios, unos valores, una conducta, en definitiva forjar tu educación, pero a veces en algunas familias recibiendo todos los hijos la misma dedicación y educación, algunos se desvían del buen camino. La casa es un mundo y la calle otro bien distinto. Las amistades hay que saber elegirlas y tener la suerte de que comulguen con tus principios y valores, si no es así, tener la suficiente personalidad para cambiar de aires y buscar una corriente más favorable que te permita llegar a un buen puerto.
Recuerdo a varios chavales del barrio que formaron parte de la primera etapa de mi infancia, con ellos jugaba al futbol en la huerta de Melchor, también en este mismo sitio nos lo pasábamos bien cogiendo mariposas, saltamontes, lagartijas etc. Estábamos en contacto directo con la naturaleza, los muros, las compuertas, los esteros, los camarones, los cangrejos, la baera con su inmutable y paciente puente. Algunas veces cuando me acerco hasta el dando un paseo, me quedo mirándolo y aflora la nostalgia por ambas partes, estaba triste, se ha llevado mucho tiempo solo, esperando en silencio la visita de viejos camaradas, le hablé con el pensamiento y le conté la historia de un chaval, un viejo conocido suyo que en verano venia casi todos los días a bañarse, a saltar una y otra vez desde sus resistentes maderas mientras los más prudentes lo mirábamos y admirábamos. Verano tras verano, año tras año disfrutábamos de este inolvidable lugar no exento de riesgo y peligro, pero en la infancia apenas lo percibíamos. Este chico salio del colegio muy pronto y comenzó a trabajar, su padre falleció en un accidente laboral siendo él muy pequeño, era el benjamín de una familia de seis hermanos. La infancia pasó demasiado rápido y pronto abrió sus puertas para darle paso a la adolescencia. Si lanzarse desde el puente era peligroso, escoger el camino equivocado en esta etapa, lo era aún más. Una araña muy peligrosa tejió su tela en algunos puntos del barrio, él quiso pasar através de ella en vez de evitarla y quedó atrapado en sus miserables hilos. Al principio él se divertía, disfrutaba con la tentación de lo prohibido, pero la araña, sin que él se diera cuenta lo iba envolviendo con sus poderosos hilos. Su vida fue cambiando, la araña lo tenía hipnotizado y solo vivía para ella, perdió su trabajo, su familia trató de alejarlo del veneno que ya circulaba por sus venas y él intentaba poner de su parte, quería alejarse de la araña asesina, sabia el daño que le estaba causando a lo suyos, el sufrimiento de su madre y hermanos lo martirizaba, pero cuando la araña lo llamaba él acudía, en esos momentos no se acordaba de nada ni de nadie. Viviendo yo en Cádiz fui al barrio a visitar a un familiar y por la calle del Carmen me encontré a este chaval, nos dimos la mano y charlamos un rato, yo sabía de sobra la vida que llevaba y fui directo al grano, él me contó que su familia lo había llevado a un centro de desintoxicación y se encontraba mejor y que le había salido un trabajo, pero que se lo iba a decir a su hermano que le hacia más falta que a él, ya que estaba casado, tenia dos hijos y estaba en paro. Me despedí de él animándolo y dándole algunos consejos. Pero al poco tiempo volví al barrio y lo vi en un rincón de una casa medio abandonada, la casa donde yo vi la luz por primera vez y él me miró, pero con una mirada sin ilusión, sabia que estaba perdiendo la batalla de su vida, se estaba quedando sin fuerzas para seguir luchando contra la araña, que un fatídico día se cruzó en su camino y no supo evitar. Poco tiempo después la araña terminó su trabajo asestándole la picadura mortal. Le tocó a él, pero le podía haber pasado a cualquiera de nosotros. La última palabra es nuestra y marca tu destino.
A este chaval, lo sigo viendo saltar desde el puente cuando me acerco a el.


martes

 

Nuestro Patio

















Esta foto fue realizada por uno de los hijos de Luis y Vitoria (Victoria).

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lunes

 




domingo

 

Foto del recuerdo

Hola de nuevo poceros hoy estamos inspirados, con eso que estoy de guardia, tengo mucho tiempo, haber si alguien conoce a los personajes de la foto, con uno no hay pega en saber quien es, pero los otros dos, está la cosa mas difícil, que lástima de moto que me la robaron, fue meterme en la marina y dejársela a mi cuñado Eduardo y decirle adiós. Bueno espero vuestros comentarios a ver quién acierta más y haber quien adivina la calle.

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Los Membrillos de la calle el Pozo

Como todo buen pocero, habrá probado los membrillos del patio de vecino que había enfrente de mi casa, sino que se lo pregunten a mí o a Luis (hermano de paquito), una noche solo estábamos Luis y yo en el patio, era la época de los membrillos y teníamos hambre y decidimos robar unos membrillos para saciar nuestra hambre. Era un buen momento porque no había nadie y decidimos entrar y subirnos al árbol, al cabo de un rato entró un vecino con su mujer, y los dos nos quedamos quietos como camaleones, era de noche, yo pensé éste no nos ve, pero nos vio y dijo: ¡bajarse del árbol que os vais a comer los membrillos con cascara y "to"! Y nos bajamos y corríamos como locos, claro con los membrillos en la barriga sujetos por la camiseta, y los dos riéndonos, que gracia. Pues nada nos sentamos en el patio a comer membrillos, ya no existe ese árbol y tampoco el de granadas que estaba en el fondo, nada poceros espero que les haya gustado esta historia.

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