viernes

 

El tiro que le pego el Gitana(Fernando Villalba) al pobre Felix (hermano de Manolin) en la huerta de Jose.

Hola, hoy estoy animado, con eso de que estoy de permiso por cambio de destino. Para el no lo sepa, me voy destinado al Observatorio de Marina hasta que ascienda a Brigada (dentro de X años luz). Bueno hace ya de esto mas de 25 años, un día estabamos en la huerta de José, el buho, el gitana, el tranquilla, el delgao, el juan nutria, el imarchi, y ahora no recuerdo a nadie más. Bueno, llegó el Felix y empezó a asomarse por la esquina de la granja del gatito, y a meterse con nosotros, y el gitana, poco esperto con las armas, me la pidió, y dice: -Veras como te asomes ahora te pego un tiro. Y el pobre Felix se asomó, y el gitana disparó para asustarle, y no veas el tiro que le pego en la nariz. Al principio nos creíamos que era broma, pero no tenía clavado el plomillo del calibre 4,5m/m en la nariz. Esa escopeta todavía la tengo en mi poder, si algún dia os encontraís con el Felix, le preguntaís por lo que le pasó con la marca que tiene en la nariz.

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jueves

 

Los Homenajes, quinta parte.

Me viene a la memoria un chaval, se llamaba Agustín Ucero. La primera vez que lo vi o mejor dicho que me acerqué a él fue en la huerta de Melchor, una huerta que solíamos visitar con bastante frecuencia en nuestra infancia, él estaba rodeado de niños, niños que esperaban ansiosos el resultado de algo, algo que Agustín estaba haciendo, le pregunté a él ¿que es lo que estás haciendo? y me contestó un experimento. Recuerdo vagamente que tenía una botella con un líquido de color y lo estaba pasando a otro recipiente que contenía un líquido de distinto color y esto provocaba una densa y pequeña humareda. No recuerdo con quien estaba yo, ni los niños que allí se encontraban, hace de esto aproximadamente 35 años, pero de él si me acuerdo perfectamente, era distinto a los demás niños, tenía una minusvalía que le impedía andar, saltar o correr pero que nunca le privó de estar rodeado de amigos, siempre había alguien acompañándolo y ayudándole mientras el contemplaba el paso de la infancia y la adolescencia desde su silla de ruedas, con un espíritu de superación digno de admirar.
Agustín formó un grupo musical llamado “Simpatía”, que algunas noches nos amenizaba con sus canciones en las verbenas del barrio, actuando en el escenario que se preparaba en el colegio de San Antonio. Tenía una canción que cada vez que la cantaba, conseguía emocionar a la mayoría de los que le escuchaban con atención, la canción hablaba de una paloma que quería volar pero no podía en la que reflejaba su situación física, cuando terminaba se llevaba una calurosa y sincera ovación.
El participó en un concurso de televisión muy popular por aquel entonces, "Gente Joven", quedando 1º o 2º, no lo recuerdo con exactitud. Componía canciones para algunas agrupaciones del carnaval y siguió dedicándose a la música.
Estuvo trabajando en el Ayuntamiento en el punto de información; siempre te recibía con amabilidad y una sonrisa, dispuesto y atento para lo que te hiciera falta.
Agustín nos dejó hace algunos años, tuvo un fatal accidente de tráfico, cuando de madrugada regresaba de una actuación en un pueblo de la provincia de Cádiz.
La paloma voló, voló muy alto y allí donde esté, sonriendo, estará cantándole a los Ángeles, que lo querían escuchar y no quisieron esperar.



Soy Paco (el hermano de Agustín). Agradezco en el alma este comentario que has hecho de mi hermano, del cual se podría escribir un libro. En otra ocasión intentaré narrar parte de sus vivencias, las cuales muchas de ellas serán un reflejo de nuestras propias vidas, por lo menos las vividas en San Fernando. Aunque parezca extraño, y como se dice en el argot flamenco, tocó todos los palos. La música desde varias vertientes, como cantante solista, vocalista de grupos y orquestas, como poeta y músico del carnaval, así como compositor, ya que casi todas las canciones que interpretaba, eran de su cosecha, también director de varios coros, uno de ellos, el cual fue fundado por él, me refiero al coro que tuvo la hermandad del nazareno; otro palo que tocó fue el de la semana santa, de la cual era un ferviente seguidor, participando primero en la primera junta auxiliar de jóvenes hermanos de la hermandad del nazareno, y luego en su junta de gobierno, procesionando por las calles de la isla junto con nuestro padre Jesús Nazareno y nuestra Virgen de los Dolores (que por cierto le costó poder procesionar con la hermandad, porque todo fueron pegas y contratiempos ); otro palo que toco fue el carnaval, como poeta y músico, como dije anteriormente, así como componente de varias chirigotas, tocando la caja; también montó una agencia de representación de artistas, con la cual pongo un ejemplo, trajo a San Fernando al grupo “Camela”. Como veis hay mucho que escribir de él, y como dije al principio, en otra ocasión, todo lo reflejado aquí y más, se puede desgranar y se podía escribir un libro, muchas gracias de nuevo por acordarte de mi hermano Agustín y hasta pronto. ( p.d.: perdona pero ahora mismo no caigo en quien eres, podrías facilitarme mas información para saberlo).



Paco, soy Juani. Creo que no te acordarás de mi, ya que no hemos tenidos muchas relaciones, tan solo el enlace de unión de tu hermano, pero al leer lo que se ha escrito sobre él, no puedo dejar pasar esta oportunidad de dejar mi testimonio.
Desde que Alfonsi me invitó a participar aquí, he intentado animar el tema, con comentarios fotos etc., pero con el homenaje a tu hermano, esto cobra su verdadero sentido, esto merece la pena.
He estado escribiendo una parrafada, intentando describir como fue. Al final lo he borrado todo, porque es absurdo, a quien le voy a contar como era Agu, si todos le conocimos. Todos los respetábamos, todos le queríamos. Joder si tenía un problema y se lo comentaba a él, con la respuesta que me daba, sabía que no me equivocaría.
Al escribir esto, lo digo con toda sinceridad, me gustaría saber expresar, todos los sentimientos que me vienen a la mente, con respecto a mi amigo Agu.
Realmente soy torpe para poder expresar, el bombardeo de ideas y recuerdos que me vienen a la cabeza. Me gustaría escribir algo que le llegara a todos y que pudiera expresar la huella que el dejó en mi, pero eso es imposible. Describir a esta persona a cualquiera que no lo conoció, se me hace muy difícil. Solo diré, que alguien que está en una silla de ruedas, con un corsé de escayola que le ayudaba a estar erguido, y te daba lecciones sobre la vida, te aconsejaba, te animaba y siempre te escuchaba con una sonrisa, ¿cómo lo describirías?
Su personalidad traspasó el barrio. Era muy conocido en todo San Fernando. Un verdadero personaje de la historia de nuestra ciudad, que no debe quedar en el olvido. Como bien dices Paco, de tu Hermano se puede escribir un libro y de los muy extensos, pero lo importante, verdaderamente, es que ha quedado su personalidad, en muchos de los que tuvimos la inmensa suerte de conocerlo. Una persona muuuuuy especial.
Una idea que lanzo a los “poceros”. En el barrio se están creando nuevas calles. Creemos una plataforma para pedir una calle que honre su memoria. Calle Agustín. Si queréis y me secundáis, lo solicitamos y nos movemos buscando quien nos apoye, seguro que serán muchos. Él se lo merece.

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sábado

 

LA LEONA

Cuando llegaba el verano, frecuentábamos la playa de “Santibáñez”. Nos asentábamos en la parte más izquierda de las casetas.
Cuando la marea alcanzaba su punto más bajo, dejaba al descubierto una superficie rocosa de gran extensión, y, por capricho de la naturaleza, en una zona central de las mismas, de forma más o menos oval, estaba ocupada por arena, formándose una especie de piscina natural.
Nos colocábamos las gafas de buceo, con su tubo para respirar, y escudriñábamos el fondo marino.
Para andar por las rocas era conveniente calzar unas sandalias de plástico, de las antiguas de color de carne, con su hebilla, para sujetarlas perfectamente a los pies.
El entretenimiento estaba asegurado; chiquillos y mayores deambulando de aquí para allá en busca de pececitos, cangrejos, camarones, estrellas de mar, ostiones…
Con la marea completamente baja, las aguas estancadas, en algunos lugares, alcanzaban temperaturas elevadas, constituyendo un auténtico placer el baño en ellas.
Recuerdo que una vez estuvimos a punto de dar caza a un enorme pulpo, que se había despistado durante la bajada de la marea.
En el rompiente de las rocas con las olas del mar, algunos aprovechaban para ejercitar la pesca submarina y la de caña.
Solíamos ir en la “Carterilla”, aunque más de una vez nos aventuramos a tomar las bicicletas.
La playa de “Santibáñez” era muy frecuentada por la familia de Jacobo. Contaba con numerosas casetas y un “chiringuito” bastante amplio, muy cerca de la orilla.
Me imagino que con el paso de los años, la “Leona” habrá desaparecido, engullida por el feroz avance de los arrecifes, pero siempre quedará en el recuerdo de nuestros corazones.

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lunes

 

LA FOTO MAS RIDICULA DE MI VIDA

Esta, posiblemente sea la foto más ridícula que me han hecho. Aparezco junto a Paquito, que entonces vivia, en el 19 bajo derecha.


 

EL CAMPING

Agosto de 1981. Un grupo de chavales organizan un camping que tendrá lugar en la ribera de un río que corre entre Benamahoma y El Bosque (rio Majaceite, aceite tenía que llevar, pero de ricino). Mucha ilusión y empeño ponen para llevar acabo tal misión: compra de comida, bebidas y otros menesteres, como la adquisición de pilas para alimentar ese radio-casete de procedencia canaria, que ambientará la noche campera.
La composición exacta de aquel grupo escapa de los recuerdos: Paquito, Juany, Jóse, Alfonsi…, entre otros chavales ajenos a la Calle del Pozo.
Todo prometía, la estancia tenía que ser larga.
El día señalado, todos bien equipados, toman un primer autobús, que les llevará a Cádiz. Hacen suyo la parte trasera de la “carterilla”, regando el ambiente de música rockera de la época. Una vez en Cádiz, y tras una breve espera, toman un segundo autobús, que después de una hora de carretera, les llevará a El Bosque. Una vez en tierra, cargados de pertrechos, y bajo un sol ardiente, toman esa vereda que les conducirá al ansiado lugar.
Todo parece muy hermoso, sin embargo, tras una breve ojeada, comprueban que aquel maravilloso paisaje, está copado de campistas por todas partes.
Establecen el campamento en una de las zonas más bajas de las riberas del río. Una vez montadas las casetas de campaña, y con el tiempo justo, degustan esa primera comida, una paella, que después de tanto tiempo, a saber como saldría.
El lugar donde se establecen, contaba con un gran inconveniente, había que caminar bastante, y cuesta arriba, para aprovisionarse de agua potable, ya que tenían que ir hasta las fuentes de Benamahoma. Este hecho marcaría el fatal desenlace del camping.
Durante la primera noche, corrió el alcohol, y se hizo famosa una frase: “CUIDADO CON LOS PERIPICIOS”.
Los baños en el río suponían un suplicio, ya que el agua estaba bastante fría. La sed apretaba. El agua era limpia, eso parecía, cristalina, fresquita; invitaba a ser bebida, y se bebió. Grave error.
Todos bebimos de aquella agua, o casi todos. Las consecuencias fueron graves, que nos provocaron diarreas continuas, y un regreso prematuro, doloroso y dantesco.
Dos componentes del grupo tuvieron que regresar a casa en taxi, y creo que llegaron a hospitalizar.
Cogimos tal cabreo, que dejamos medio río plagado de espuma y todo el contorno donde nos asentamos, lleno de basura.
Hicimos noche bajo los arcos del ayuntamiento de El Bosque, a la espera de tomar ese autobús, que nos llevaría de regreso a la civilización.
A algunos, todavía le quedaron ganas esa noche, de visitar una discoteca, tomarse unos cubatillas y pegarse algún bailoteo, tras visitar con frecuencia los servicios de aquel recinto.
Esta fue la primera y última experiencia campera que se tenga conocimiento.
TODO LO QUE COMIENZA BIEN, NO SUELE ACABAR COMO EMPIEZA.



Juany: El encargado de la cocina era el Jose, el cual en dos días nos "jartó" de comer albóndigas, de una lata gigante que no se acababa nunca. Los que se tuvieron que ir en taxi fueron los hermanos Juan de Gomar y Enrique. Creo que fue la segunda noche cuando Enrique estaba con una fiebre alta y delirando, llamaba a gritos pelaos a su madre en medio de la noche y su hermano decía “Enrique cállate que mamá no está”.
A un grupo de Scout, tuvimos que pedirle ayuda por si tenían algo para la fiebre. Por la mañana, vimos, que el exterior de la caseta les había servido de lugar para defecar.
Por la falta de experiencia, habíamos montado las tiendas al sol, ya que llegamos de noche y no nos percatamos de que el Lorenzo al día siguiente actuaría.
Aquello fue insufrible.
Otra anécdota de aquello sucedió en una especie de placita de toros, con el Jose. No se si os acordareis y la que lió para poder subir a las gradas, a la sombra, donde estábamos el resto del personal.



Paquito: Cuando estábamos con todos los bártulos en los arcos del ayuntamiento haciendo noche en espera de la salida del autobús que nos llevaría a Cádiz, recuerdo que se nos acercó una pareja de la guardia civil y nos preguntó que hacíamos ahí, que allí no podíamos estar, no recuerdo si nos pidió que nos identificáramos, nosotros le contamos la historia, hablamos varios a la vez y salieron frases como que el río estaba contaminado, que había una epidemia, que estábamos con diarrea, que dos compañeros han tenido que coger un taxi etc. Los guardias civiles no sabían si reírse o ponernos en cuarentena, en fin, se marcharon y nos dejaron con los retortijones y el rollo de papel higiénico en la mano. El único de nosotros que se salvó de las diarreas fue el Juani. Bonita experiencia pero sin EXPERIENCIA.

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sábado

 

MOMENTOS PARA EL RECUERDO

LA PERRA NEGRA
Una de las cosas que nunca me gustó de la calle del pozo, era la cantidad de perros que andaban sueltos y con malas ideas, perros "cabrones de verdad".
Recuerdo uno que se llamaba BOBI, que cada vez que pasaba un niño por delante de la casa del dueño, a la altura del último bloque, salía como una fiera en persecución de su víctima. Yo tenía que ser muy pequeño, porque recuerdo que siempre terminaba subiéndome en el mostrador de la panadería del Carmen y me costaba trabajo encaramarme a él. No se me olvidan los cabreos de la dependienta.
Ya más mayor, recuerdo uno negro, grande, creo que era una perra, que dormitaba siempre a la mitad de la calle San Antonio, frente al mercado.
Un buen día, regresábamos Paquito y yo, no se de donde, bajando la calle. Al ver a la perra, yo me cambié de acera (en el buen sentido que no existan malos entendidos) y Paco se burló de mí, que si era un miedoso, que si era una mierda de perro etc. El siguió su camino con su retahíla de impropérios hacia mi persona y cuando pasó por delante del animal, para chulearme, pegó un zapatazo en el suelo, junto a la cara de la perra que como siempre dormitaba, al mismo tiempo que le daba un chillido “AAAAAAAGGGGGG”. Lo que sucedió después, supuso uno de los momentos en los que más me he reído en mi vida.
La perra se levantó al momento y paquito cuando le vio la cara que puso sacando colmillos, no lo dudó un momento, “A CORRER”. Paco corriendo, la perra detrás que le estaba dando alcance a la altura del mercado San Antonio, Paco que le hace un quiebro, el suelo estaba húmedo, se le van las piernas hacia delante y metió una caída de espalda de mil demonios, pero su reacción fue levantarse inmediatamente y correr en sentido contrario, ya que la perra se lo pasó de largo. No olvidaré nunca, el careto que traía, cuando volvía a donde yo estaba.
Gracias Paco por ese momento inolvidable.


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viernes

 

MOMENTOS PARA EL RECUERDO

Hay momentos en la vida en los que uno pasa por una situación difícil, otras veces peligrosa y otras veces divertida, nos centraremos en esta última.
Domingo por la mañana, uno de tantos, como era habitual en nosotros nos veíamos en la calle del Pozo, nos esperábamos unos a otros sentados en un escalón o en el pequeño muro divisorio del segundo patio. De allí nos íbamos todos al campo de la Bazan para ver el partido mañanero que allí se disputaba, camino del campo de futbol a la altura de la calle Benjamin López había un niño jugando en un balcón, a la criatura le entró ganas de evacuar el liquido procedente de la vejiga a una temperatura de 37º y después de haber sido filtrado por los riñones, el chiquillo se entiende que no podría aguantar más y sacó la cuca por los barrotes del balcón y dejó que la fuerza de la gravedad hiciera su trabajo, con tan mala suerte para uno de nuestra pandilla que le cayó todo el pipí encima verdad Juani, lo recuerdas, la de improperios que lanzaste y el cabreo que pillaste y ya sabes otra ves para casita que el pipí cuando se seca huele mucho. Lo divertido que son estas cosas cuando le pasa a los demás y no a uno, porque reír nos reímos todos menos uno. Pero hay cosas peores, como que hubiese evacuado el intestino grueso o que se hubiese caído el niño o que te hubiese caído una maceta.
Si hubiésemos salido un minuto antes o un minuto después no se hubiera podido contar esta anécdota.
Hasta pronto.

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martes

 

LA GRAN PELEA, ALFONSI & JUANI

Un buen día, Alfonsi se "picó" conmigo, aun no se que le hice. Yo creo que por esa fecha, yo no le caía muy bien, porque si no, no lo entiendo, ya que no hubo provocación. La cosa es que me retó a una pelea en el “caná”.
Llegó el día y aquello fue patético.
- Comienza tú.
- No tú, que eres el que querías pelea.
- No tío, empieza tú.
- Pues yo no empiezo.
La cosa es que a Alfonsi, se le ocurrió la genial idea, de fabricarnos unos guantes de boxeo, con “escai” y “esponja” y cuando los dos los tuviéramos listos, quedaríamos para el día, el lugar y la hora.
El sitio elegido, fue una casa derruida que existía por Lavaera. Acordamos que no habría espectadores, tan solo un árbitro, el Paquito ya que insistió mucho que no quería perdérselo. Su cometido consistía en avisar del tiempo y que no hubiera ningún intruso.
Llegó el gran día. Los guantes de Alfonsi enormes, los míos pequeñitos. El cuadrilátero, estaba completamente tapizado de azulejos rotos y demás escombros.
La pelea no tuvo mucho que contar. Alfonsi me dio varias veces, no muy fuerte jeje, y yo entre que el es mas alto y los pedazo de guantes que llevaba, le atacaba a los riñones, con pocos resultados. Los dos terminamos en buenas condiciones.
Pero la anécdota fue como Paquito el arbitro del combate, evitó que Jose Ramón, nos viera pelear. Se subió a una ventana, se sacó su atributo masculino diciéndole, si quieres mirar "mira", con lo que el Jose Ramón, tuvo que darse la vuelta y volver por el mismo camino que había llegado.

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NOMENTOS PARA EL RECUERDO

Tío, yo no recuerdo eso que te dejamos tirado, pero vamos que no lo niego. Lo que no se me olvidará jamás, fueron esas dos velas de mocos de Jacobo que se le cayeron cuando estornudó, me acuerdo hasta del color. Estábamos todos sentados en el escalón del segundo patio. El pobre que mal rato pasó, porque no sabía como disimular y creo que lo delatamos con las carcajadas nuestras.
En lo que si te deje tirado, fue en lo de la declaración, porque yo no llegué a declararme, no por nada sino por que me daba mucho corte.

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MOMENTOS PARA EL RECUERDO

¿Quién no se acuerda de aquella época? Recuerdo que por aquellos días me gustaba la tal Mary Carmen, ¿a quién no?, y habíamos quedado para ir al cine, y ustedes, mancha de “ciezos”, me dejasteis vendido, pasasteis por delante de mis narices, escondidos entre los coches o cambiasteis el horario, para que yo no fuera, y me quedé esperando en la casapuerta como un carajote.
También recuerdo la famosa vela de mocos que se le escapó a Jacobo delante de las niñas, pero no se lo que hizo, que simuló que le dolía la cabeza, o algo así, y ninguna de enteró.
Juany, seguro que te acordarás cuando fuimos decididos a declararnos, tú a la Juli y yo a la Mary Carmen, concretamente en el callejón de San Bruno. Le dijiste a la Juli que estabas loquito por ella, y yo le dije a la Mary Carmen mira como lloran mis ojos por ti. Patético, por lo menos por mí parte. Ya podéis descojonaros.

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MOMENTOS PARA EL RECUERDO

Hay momentos que se quedan en la retentiva y no se borran por algún motivo especial. Pueden ser anécdotas, momentos de risas, momentos malos, un enamoramiento, un viaje y un sin fin de hechos que te dejan huella.
Me propongo iniciar una nueva sección, con este titulo y espero que colaboréis, bien con comentarios o rescatando esos períodos, en los que de alguna forma, algo se aferró en tu cabeza, a modo de recuerdo.
Voy a comenzar, por un periodo en el que creo que no se ha comentado, y hay que hacer justicia.
LOS PRIMEROS AMORES. Je je complicado hablar de esto, pero son cosas que suceden por primera vez y en la calle del pozo sucedió para algunos de nosotros. Las culpables de esto, fueron tres “chavalas” que aparecieron de buenas a primeras, no se como y que cambiaron muchas cosas. Las conocíamos como las niñas de las monjas, ya que estudiaban en la Compañía de Maria.
Fue un tiempo muy bonito, en el que nos damos cuenta de lo inocente por decirlo de una forma suave, que éramos con esa edad.
Juli, Mari Carmen y Maria José, mas dos hermanas que se pegaban a ellas, Macu y Carmen si no me equivoco.
Alguno que otro formó pareja durante un tiempo, aunque no muy extenso. Otros ni siquiera nos atrevimos a hacer declaración de intenciones, por timidez o por miedo al rechazo, y a otros le dieron calabazas.
Fuera como fuera, creo que lo pasamos bien con los juegos en el segundo patio, en la piscina municipal o paseando, porque que yo sepa no había más, porque entonces yo me lo perdí.
Bueno desde aquí dejo testimonio de un tiempo que nos abrió, ante nuestros ojos, un mundo nuevo y muy complejo.

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domingo

 

LÉEME

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…. Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.
Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada.
Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquel lugar.
El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas

El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años…
Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.
El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó. Lo miró durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
- No, por ningún familiar – dijo el buscador- . ¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?
El anciano sonrió y dijo:
- Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…:
«Cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

A la izquierda, qué fue los disfrutado.
A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.


Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media…? Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso… ¿Cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana? ¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo…? ¿Y la boda de los amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de una país lejano? ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿Horas? ¿Días?
Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… Cada momento.

Cuando alguien se muere,
es nuestra costumbre
abrir una libreta
y sumar el tiempo de lo disfrutado
para escribirlo sobre su tumba.
Porque eso es para nosotros
el único y verdadero
TIEMPO VIVIDO».

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viernes

 

EL COFRE

Érase una vez un anciano que había perdido a su esposa y vivía solo. Había trabajado duramente como sastre toda su vida, pero los infortunios lo habían dejado en bancarrota, y ahora era tan viejo que ya no podía trabajar.

Las manos le temblaban tanto que no podía enhebrar una aguja, y la visión se le había enturbiado demasiado para hacer una costura recta. Tenía tres hijos varones, pero los tres habían crecido y se habían casado, y estaban tan ocupados con su propia vida que sólo tenían tiempo para cenar con su padre una vez por semana.

El anciano estaba cada vez más débil, y los hijos lo visitaban cada vez menos.

— No quieren estar conmigo ahora -se decía- porque tienen miedo de que yo me convierta en una carga.

Se pasó una noche en vela pensando qué sería de él y al fin trazó un plan.

A la mañana siguiente fue a ver a su amigo el carpintero y le pidió que le fabricara un cofre grande. Luego fue a ver a su amigo el cerrajero y le pidió que le diera un cerrojo viejo. Por último fue a ver a su amigo el vidriero y le pidió todos los fragmentos de vidrio roto que tuviera.

El anciano se llevó el cofre a casa, lo llenó hasta el tope de vidrios rotos, le echó llave y lo puso bajo la mesa de la cocina.

Cuando sus hijos fueron a cenar, lo tocaron con los pies.

¿Qué hay en ese cofre? preguntaron, mirando bajo la mesa.

OH, nada -respondió el anciano-, sólo algunas cosillas que he ahorrado.

Sus hijos lo empujaron y vieron que era muy pesado. Lo patearon y oyeron un tintineo.

— Debe estar lleno con el oro que ahorró a lo largo de los años -susurraron.

Deliberaron y comprendieron que debían custodiar el tesoro. Decidieron turnarse para vivir con el viejo, y así podrían cuidar también de él. La primera semana el hijo menor se mudó a la casa del padre, y lo cuidó y le cocinó. A la semana siguiente lo reemplazó el segundo hijo, y la semana siguiente acudió el mayor. Así siguieron por un tiempo.

Al fin el anciano padre enfermó y falleció. Los hijos le hicieron un bonito funeral, pues sabían que una fortuna los aguardaba bajo la mesa de la cocina, y podían costearse un gasto grande con el viejo. Cuando terminó la ceremonia, buscaron en toda la casa hasta encontrar la llave, y abrieron el cofre. Por cierto, lo encontraron lleno de vidrios rotos.

— ¿Qué triquiñuela infame! -exclamó el hijo mayor-. ¡Qué crueldad hacia sus hijos!

— Pero, ¿qué podía hacer? -preguntó tristemente el segundo hijo-. Seamos francos. De no haber sido por el cofre, lo habríamos descuidado hasta el final de sus días.

Estoy avergonzado de mí mismo -sollozó el hijo menor-. Obligamos a nuestro padre a rebajarse al engaño, porque no observamos el mandamiento que él nos enseñó cuando éramos pequeños.

Pero el hijo mayor volcó el cofre para asegurarse de que no hubiera ningún objeto valioso oculto entre los vidrios. Desparramó los vidrios en el suelo hasta vaciar el cofre.

Los tres hermanos miraron silenciosamente dentro, donde leyeron una inscripción que el padre les había dejado en el fondo: “Honrarás a tu padre y a tu madre”.

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Sta. Barbara


Algunas veces me he preguntado el ¿por qué?, de ponerle el nombre de Santa Bárbara, a la calle del Pozo, ya que no es una devoción que tuviera que ver con el barrio, pues en la Iglesia del Carmen, no hemos conocido imagen con dicho nombre. Pues bien, si alguno siente curiosidad, os puedo contar la historia.
En Cádiz existía una Hermandad de gloria con dicha Santa como titular. Estaba constituida por marinos, de la rama de artillería, de los cuales era patrona. Hoy en día, es solo patrona de artillería del ejercito de tierra, ya que como los marinos sabréis, solo se le reconoce como patrona en la actualidad, a la Virgen del Carmen.
Esta Hermandad se estableció en nuestra ciudad, cuando se trasladó el departamento marítimo a San Fernando. Concretamente la Hermandad fue acogida en la Iglesia del Carmen y de aquí la vinculación con el nombre.
Posteriormente, cuando la iglesia de San Francisco, se hizo castrense, la Hermandad se traslado a dicha Parroquia. Por esto existe en este barrio, la plaza de Santa Bárbara.
Decir, que esta Hermandad se extinguió, aunque queda la imagen, bastante deteriorada y actualmente en fase de restauración. Yo la he conocido en un altar de San Francisco, transformada en Inmaculada, por eso aparece en la foto, con un aro de estrellas.
La información la he sacado del libro de la Historia de las Hermandades de San Fernando y la foto del magnifico libro de Quijano, San Fernando Evocación de un Siglo

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