jueves

 

Actitud ante las cosas

Una anciana de 78 años, elegantemente vestida, bien perfumada, perfectamente maquillada y con su cabello arreglado a la moda como acostumbraba estarlo cada día, se dirigía, acompañada de un caballero, hacia un asilo que sería en adelante su hogar. Su esposo había fallecido recientemente.
Después de muchas horas de esperar pacientemente en el recibidor del asilo, sonrió dulcemente, cuando se le dijo que su habitación estaba lista.
Mientras se desplazaba con su andadera hacia el ascensor, le describieron su habitación, incluyendo las cortinas que colgaban de su ventana.
- “Me encanta.”, afirmó, con el entusiasmo de un niño de 8 años al que le acaban de entregar una nueva mascota.
- “Sra. Rodríguez, no ha visto el cuarto, espere.”
- “Eso no importa", respondió.
- "La felicidad es algo que decides con el tiempo. Si me gusta o no mi cuarto, no depende de como estén arreglados los muebles, depende de como arregle mi mente.”
- “Ya decidí que me gusta. Es una decisión que hago cada mañana, cuando me levanto. Tengo la elección; puedo pasar el día en la cama, repasando la dificultad que tengo con las partes de mi cuerpo que no funcionan, o salir de la cama y estar agradecida por las partes que si funcionan”.
- “Cada día es un regalo, y mientras se abran mis ojos, me enfocare en el nuevo día y los recuerdos felices que he almacenado solo por esta vez en mi vida."

¿Podremos hacer lo mismo?

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lunes

 

Nunca quise ser mayor

Nunca quise ser mayor, pero no me dejaron seguir siendo un niño. Ayer estaba correteando en aquel patio de arena, jugando con mis amigos de toda la vida, a aquellos maravillosos juegos, donde todo era improvisación. Pero me tuve que ir para casa, de los últimos, como siempre. No quería dormir, soñaba despierto que podía pedir un deseo. Un deseo a ese Dios misterioso, misericordioso, que parece que nos tiene dejados de la mano. Pedía a ese Dios, que de alguna manera parase el Mundo, que ya no hubiera más muertes, que nuestros Padres y seres queridos nunca se tuvieran que marchar, y nosotros tampoco, pero sobre todo, que nos dejara seguir siendo niños. No quise dormir, era bonito ese sueño, pero me quedé dormido. A la mañana siguiente desperté, o mejor dicho, sonó el despertador, ¡pero si no uso despertador! Mi cama no era pequeña, era grande, y junto a mí, había otra persona. ¡Claro, mi querida esposa! Incluso era más grande, había crecido. Y entonces recordé que tenía una familia, y que tenía que levantarme para ir a trabajar. Por eso no quería quedarme dormido, porque la vida es como un sueño, cuando despiertas, te das cuenta de que han pasado 40 años.

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