lunes
Nunca quise ser mayor
Nunca quise ser mayor, pero no me dejaron seguir siendo un niño. Ayer estaba correteando en aquel patio de arena, jugando con mis amigos de toda la vida, a aquellos maravillosos juegos, donde todo era improvisación. Pero me tuve que ir para casa, de los últimos, como siempre. No quería dormir, soñaba despierto que podía pedir un deseo. Un deseo a ese Dios misterioso, misericordioso, que parece que nos tiene dejados de la mano. Pedía a ese Dios, que de alguna manera parase el Mundo, que ya no hubiera más muertes, que nuestros Padres y seres queridos nunca se tuvieran que marchar, y nosotros tampoco, pero sobre todo, que nos dejara seguir siendo niños. No quise dormir, era bonito ese sueño, pero me quedé dormido. A la mañana siguiente desperté, o mejor dicho, sonó el despertador, ¡pero si no uso despertador! Mi cama no era pequeña, era grande, y junto a mí, había otra persona. ¡Claro, mi querida esposa! Incluso era más grande, había crecido. Y entonces recordé que tenía una familia, y que tenía que levantarme para ir a trabajar. Por eso no quería quedarme dormido, porque la vida es como un sueño, cuando despiertas, te das cuenta de que han pasado 40 años.
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