sábado
¿Qué estáis esperando?
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El Cine San Fernando
Ayer sábado por la tarde, varios amigos reunidos en el segundo patio de la calle del Pozo no nos poníamos de acuerdo sobre que íbamos a hacer el domingo, mientras esperábamos que surgiera alguna idea, fuimos a casa de Emilia y compramos algo de chuchería. Luego nos sentamos en un escalón, había uno que era muy habitual, el de la casapuerta del ya mencionado patio de los membrillos. Mientras las pipas y los kikos llenaban nuestro silencio, el pensamiento seguía trabajando y llegó una propuesta que todos aceptamos, quedamos en ir al cine San Fernando a la función de infantil, todavía no sabíamos la película que daban, pero creo que eso nos daba igual, la mayoría de las películas nos gustaban y el cine era una buena salida para las tardes de los domingos. Está oscureciendo, la noche poco a poco se hace dueña de la calle, las madres se asoman a ventanas y balcones para llamar a los más pequeños, pero ellos están en su mundo y mientras juegan y se divierten pierden la noción del tiempo e ignoran la disciplina horaria. La respuesta a la llamada la tenían bien aprendida, mami un ratito más y las madres cedían y aprovechaban también para charlar un ratito de ventana a balcón. Antes de recogernos, quedamos para el domingo por la mañana para ir a ver las carteleras. A la hora prevista nos vemos todos en el segundo patio y de ahí partimos para el cine, cuando llegamos a el, nos fijamos en la función de infantil, y la película que echaban no era del oeste ni de indios, no era de romanos, tampoco era del Zorro, ni de los Tres Mosqueteros, no era de Tarzán, ni de dibujos animados, solo comentare que trataba de un excéntrico inventor que consiguió transformar un viejo coche de carreras en un vehiculo que podía volar y flotar. La película fue un éxito en la década de los setenta, y el titulo lo dejare en blanco para que este coche haga un pequeño viaje a través de nuestra memoria y nos transporte al cercano pasado. Los más jóvenes no sabrán de qué película se trata, pero los de mi generación ya habrán recordado el titulo. La función daba comienzo a las cuatro de la tarde y había dos tipos de entradas, la de butaca que era de color azul y costaba cinco pesetas y la de delantera que era de color amarillo y costaba tres pesetas, esta correspondía a la zona más cercana a la pantalla. Nos fuimos para el barrio y de allí pronto para casa, hoy había que meter un poco de prisa a nuestras madres para que no se demorara mucho la hora de la comida, el cine nos esperaba. La calle San Onofre en la tarde de los domingos se convertía en un río de niños y niñas, de amigos y amigas, de jóvenes parejas y pandillas, que aumentaba su caudal con los afluentes de El Carmen, Alsedo, El Pozo, Juan Van Halen, Olivarillo, Manuel de Falla, Los Mil Colores y Comedia, para desembocar en un mar de ilusión, aventuras y fantasía, el cine San Fernando. Terminamos de comer y nos fuimos para el cine, con la vestimenta que nuestras madres nos tenían reservada solo para los domingos y días de fiesta. Llegamos al cine y la puerta todavía estaba cerrada, el número de personas aumentaba en sus inmediaciones, aprovechamos para comprar algo de chuchería. La marea humana llevada por la impaciencia se acercaba a las puertas, estas y el frontal de entrada eran de cristal y nos permitía ver el movimiento de porteros y acomodadores. Un portero se acerca desafiante a la puerta, el griterío y la presión aumenta, pero él no se inmuta, permanece tranquilo, su experiencia le da seguridad. Este hombre abre al fin las puertas que nos separan de la taquilla, la bulla, las prisas y los empujones llegan solitos, sin que nadie los llame. Pero nadie pasa al interior, el portero tiene controlada la situación, su presencia, sus gestos y su mirada bastan para poner un orden que todos acatamos sin rechistar. Este hombre es conocido por “el muo del cine San Fernando.” Una vez en la taquilla, sacamos la mano del bolsillo del pantalón y un duro cautivo, sudoroso y medio asfixiado por la presión de los dedos encuentra la libertad. Compramos la entrada de delantera y dos pesetas regresan temerosas a prisión. Entramos en la sala y nos pusimos lo más cerca posible de la última fila de delantera, la fila de asientos que dividía las dos salas, la fila que separaba las tres pesetas del duro. Teníamos un plan en mente, solo había que esperar a que las luces se apagaran para ponerlo en práctica, la oscuridad era nuestra aliada en estos momentos de tensión. Las luces se apagaron, la gente aplaudía, el nodo que precedía a la película estaba apunto de empezar. Este instante de confusión era la señal y con sigilo y rapidez nos agachamos y comenzamos a reptar por debajo de los asientos para colarnos en la sala de butacas. Poco a poco fuimos emergiendo en distintas filas, ya solo quedaba reunirnos y buscar un sitio lejos del campo de visión de los acomodadores que vigilaban el paso fronterizo con linterna en mano. En la oscuridad de la sala, el reflejo de una pequeña lumbre, delata la presencia de un joven e intrépido fumador que atrae rápidamente la atención del acomodador, momento que aprovechamos para situarnos en una fila mejor. Ya solo queda esperar y tener la suerte de que delante no se siente una persona corpulenta que dificulte la visión de la pantalla. Situación que se daba con frecuencia dada la poca inclinación que tenía este cine. Silencio señores, la película acaba de empezar. Los aplausos vuelven a sonar.
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lunes
Léeme, Gracias
Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas... comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.
Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado...
Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas...
Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma... descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tú también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida.
Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa que es lo que tienes, sino a quién tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.
Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian.
Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o simplemente nada, sólo por el placer de disfrutar su compañía.
Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuándo será la última vez que las veamos.
Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos.
Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar.
Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.
Aprenderás que no importa a dónde llegaste, sino a Dónde te diriges y si no sabes cualquier lugar sirve...
Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlaran y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados.
Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias... aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.
Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte.
Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos.
Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones.
Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese porque le estarás quitando la esperanza.
Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel.
Descubrirás que sólo porque alguien no te ama de la Forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben cómo demostrarlo...
No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.
Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado.
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.
Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores.
Entonces y sólo entonces sabrás realmente lo que Puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía más.
Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla.
William Shakespeare
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