lunes
EL CAMPING
Agosto de 1981. Un grupo de chavales organizan un camping que tendrá lugar en la ribera de un río que corre entre Benamahoma y El Bosque (rio Majaceite, aceite tenía que llevar, pero de ricino). Mucha ilusión y empeño ponen para llevar acabo tal misión: compra de comida, bebidas y otros menesteres, como la adquisición de pilas para alimentar ese radio-casete de procedencia canaria, que ambientará la noche campera.
La composición exacta de aquel grupo escapa de los recuerdos: Paquito, Juany, Jóse, Alfonsi…, entre otros chavales ajenos a la Calle del Pozo.
Todo prometía, la estancia tenía que ser larga.
El día señalado, todos bien equipados, toman un primer autobús, que les llevará a Cádiz. Hacen suyo la parte trasera de la “carterilla”, regando el ambiente de música rockera de la época. Una vez en Cádiz, y tras una breve espera, toman un segundo autobús, que después de una hora de carretera, les llevará a El Bosque. Una vez en tierra, cargados de pertrechos, y bajo un sol ardiente, toman esa vereda que les conducirá al ansiado lugar.
Todo parece muy hermoso, sin embargo, tras una breve ojeada, comprueban que aquel maravilloso paisaje, está copado de campistas por todas partes.
Establecen el campamento en una de las zonas más bajas de las riberas del río. Una vez montadas las casetas de campaña, y con el tiempo justo, degustan esa primera comida, una paella, que después de tanto tiempo, a saber como saldría.
El lugar donde se establecen, contaba con un gran inconveniente, había que caminar bastante, y cuesta arriba, para aprovisionarse de agua potable, ya que tenían que ir hasta las fuentes de Benamahoma. Este hecho marcaría el fatal desenlace del camping.
Durante la primera noche, corrió el alcohol, y se hizo famosa una frase: “CUIDADO CON LOS PERIPICIOS”.
Los baños en el río suponían un suplicio, ya que el agua estaba bastante fría. La sed apretaba. El agua era limpia, eso parecía, cristalina, fresquita; invitaba a ser bebida, y se bebió. Grave error.
Todos bebimos de aquella agua, o casi todos. Las consecuencias fueron graves, que nos provocaron diarreas continuas, y un regreso prematuro, doloroso y dantesco.
Dos componentes del grupo tuvieron que regresar a casa en taxi, y creo que llegaron a hospitalizar.
Cogimos tal cabreo, que dejamos medio río plagado de espuma y todo el contorno donde nos asentamos, lleno de basura.
Hicimos noche bajo los arcos del ayuntamiento de El Bosque, a la espera de tomar ese autobús, que nos llevaría de regreso a la civilización.
A algunos, todavía le quedaron ganas esa noche, de visitar una discoteca, tomarse unos cubatillas y pegarse algún bailoteo, tras visitar con frecuencia los servicios de aquel recinto.
Esta fue la primera y última experiencia campera que se tenga conocimiento.
TODO LO QUE COMIENZA BIEN, NO SUELE ACABAR COMO EMPIEZA.
Juany: El encargado de la cocina era el Jose, el cual en dos días nos "jartó" de comer albóndigas, de una lata gigante que no se acababa nunca. Los que se tuvieron que ir en taxi fueron los hermanos Juan de Gomar y Enrique. Creo que fue la segunda noche cuando Enrique estaba con una fiebre alta y delirando, llamaba a gritos pelaos a su madre en medio de la noche y su hermano decía “Enrique cállate que mamá no está”.
A un grupo de Scout, tuvimos que pedirle ayuda por si tenían algo para la fiebre. Por la mañana, vimos, que el exterior de la caseta les había servido de lugar para defecar.
Por la falta de experiencia, habíamos montado las tiendas al sol, ya que llegamos de noche y no nos percatamos de que el Lorenzo al día siguiente actuaría.
Aquello fue insufrible.
Otra anécdota de aquello sucedió en una especie de placita de toros, con el Jose. No se si os acordareis y la que lió para poder subir a las gradas, a la sombra, donde estábamos el resto del personal.
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