domingo
Humildad con una Sonrisa
Más bien era lugar de encuentro, ocupaba gran parte de una esquina, de una calle estrecha, sinuosa, y otra calle más amplia, pero sin salida. Sus fachadas, de piedra, arena y cal, eran discretas, adornadas por una pequeña acera. Disponía de una amplia entrada, que daba acceso a un enorme patio; enfrente había un pequeño muro, de piedra y arena, que lo separaba de una hermosa huerta. Tendederos amplios, que a veces eran usados de improvisadas porterías. Había varias casas abandonadas, que el paso del tiempo las sumió en el olvido. Un servicio comunitario, alejado de las viviendas, con su puerta gris, te saludaba a la derecha, nada más entrar. No recuerdo bien, pero creo, que al girar a la izquierda, había un grifo de agua corriente, por lo que dudo si el agua llegaba a las humildes cocinas. Entrando a mano izquierda, estaban las dos únicas casas habitadas, de aquel emblemático lugar, acogedor, siempre abierto al visitante; una pequeña cocina, un pequeño salón y una habitación amplia, dormitorio de toda la familia. Era símbolo viviente de las penalidades por las sufrieron nuestras familias al comienzo de sus primeros inicios, por las que unos fueron saliendo antes que otros, cosas de la vida, con la diferencia de que ellos eran conscientes de estas circunstancias, y nosotros, también. Pero eso nunca nos importó, lo importante era el contenido, no el continente, y esto no es una póliza de seguros. No tuvieron esos juguetes, que nosotros conocimos, esa ansiada bicicleta, que algunos disfrutamos, antes o después, pero eso no les importaba, siempre estaban allí, con esa sonrisa y esos buenos gestos. Valores que siempre supimos reconocer, porque ante todo está la persona, no los bienes materiales; porque vosotros fuisteis y sois, buenas personas, y nos sentimos orgullosos de teneros como amigos. |
Etiquetas: Humildad con una Sonrisa
Gracias Alfonsi por tus pensamientos.
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