sábado
Una noche en el campo de Jacobo
Los cuatros protagonistas de esta simpática historia formaban parte de una pandilla que con el paso del tiempo y las circunstancias personales que fueron llegando se fue reduciendo el número de componentes de forma natural y lógica. Jacobo, Boni, mi hermano Pepe y yo, aguantamos durante algún tiempo navegando durante la noche y disfrutando de los placeres que te proporcionaba esta etapa de la vida y que ahora se recuerdan con cierta nostalgia, pero la vida se divide en etapas y hay que disfrutar y saborear la que te corresponda día a día, lo cual no siempre es fácil ya que las circunstancias son las que marcan nuestro camino.
Un sábado Jacobo nos propuso pasar la noche en su campo y nos pareció una buena idea, pues bien cuando regresábamos de una noche de marcha ya de madrugada cansados y con sueño nos fuimos a su campo para dormir y descansar que era lo que el cuerpo nos pedía con insistencia. Cuando llegamos al sitio y nos disponíamos a entrar, los perros de Jacobo comenzaron a ladrar, él se acercó a los animales para tranquilizarlos con su presencia, yo tenía presente la perra negra y guardé mi distancia a pesar de que los perros estaban amarrados, pero por si acaso. Cuando Jacobo tenia la situación controlada pasamos a la casa, charlamos un rato, bebimos agua, una meadita y a la cama. Hasta este punto todo transcurría de forma normal pero quizás Jacobo algo estaba maquinando. Mi hermano Pepe se acostó y pronto el sueño pudo más que él, el Boni le siguió y no tardó mucho en empezar a roncar, Jacobo y yo cada uno en su cama continuamos hablando de lo que nos había deparado la noche, las chicas, los cubatas, el baile, la discoteca etc. El sueño poco a poco se iba apoderando de mí, el silencio cada minuto que pasaba era mayor, cuando veo en la penumbra de la habitación que Jacobo se levanta, le pregunto ¿Qué pasa a donde vas? Me contesta los perros que están ladrando, yo la verdad es que no los escuché, me dice ahora vengo y salió de la casa, como tardaba en volver pues salí a ver que pasaba y lo veo venir con algo en la mano, había cogido un sapo, un sapo que disfrutaba de una noche estrellada en espera de que algún insecto merodeara por sus dominios para dar buena cuenta de el. Le digo al verlo reírse para que quieres el sapo y me cuenta lo que se proponía a hacer, el sapo nos escucha y se encoje de hombros. Entramos de nuevo en la casa procurando hacer el menor ruido posible, Pepe y Boni dormían placidamente, nos acercamos sigilosamente a la cama del Boni igual que un felino cuando acecha a su presa, el sapo no dice ni pío, levantamos la camiseta del Boni, él ni se inmuta sigue durmiendo profundamente, Jacobo aguantando la risa le mete el sapo dentro de la camiseta, nos vamos rápidamente para la cama, hay que hacer un esfuerzo para no reírse y a esperar a que el sapo inicie los movimientos que lo conduzcan a la libertad perdida minutos antes. El momento que esperamos llega pronto, el sapo ha cumplido su misión, el Boni pega un salto de la cama gritando, mete la mano por dentro de la camiseta y toca algo, ¡esto que es, que bicho es este, que asco!, en la penumbra, medio dormido y sin gafas no puede saber lo que es, consigue coger el sapo y lo deja caer, el animalito aprovecha la confusión y se va si despedirse muerto de risa, mi hermano se despierta con el alboroto preguntando ¿Qué pasa? Él no sabia de que iba la película. Jacobo y yo nos reímos a carcajadas, el Boni se da cuenta de que es obra de Jacobo y mía y coge un monumental cabreo con nosotros, nos pone como los trapos, nos dice de todo menos bonito y se quiere marchar, pero al final lo convencimos, se le pasó el mosqueo, nos dijo que no le gastáramos ese tipo de bromas, empezó a reírse y se acostó.
Del sapo no se supo nada más, ¿Qué será de el?
Etiquetas: Durmiendo con un sapo
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