miércoles

 

El puente paciente e inmutable

Paseando por el puente de Lavaera, recordé la historia que Paco nos contó.

La verdad que este puente rememora muchas imágenes, incluso olores.

Recuerdo la fabrica de conservas, y la trasera de esta, donde depositaban los restos de las caballas, secándose al sol. Hoy seria impensable que nuestros hijos se comieran restos de pescados deshidratados a la intemperie y expuestos a diferentes animalillos, pero nosotros lo hacíamos.

Recuerdo que cuando salía de La Salle nueva, estando en 3º o 4º, no recuerdo bien, volvía a casa por el zaporito y desembocaba por el carril del puente. Era toda una aventura. Primero teníamos que engañar a un perro que estaba amarrado, para que no nos alcanzara, ya que había que cruzar por su radio de acción, justo a la entrada del viejo molino de mareas, luego cogiamos el camino mas complicado, ya que de no ser así no tendría gracia, por lo que teníamos que saltar o mostrar nuestro equilibrio, por los diferentes obstáculos que nos encontrábamos.

En una ocasión se nos cruzó un gato negro. Alguien dijo que traía mala suerte y no se le ocurrió otra cosa que coger del suelo una tabla y lanzársela, o intentar hacerlo, ya que esta se frenó en seco al engancharse una puntilla en la palma de la mano del agresor. El gato siguió tan campante, orgulloso de haber cumplido con su deber, el herido con la mano ensangrentada y maldiciendo al felino.

Bueno Paco, tu historia me ha inspirado una acuarela, te la dedico y espero que te guste.


Comentarios:
Muchas gracias Juan por tu dedicatoria, eres un artista en toda la extension de la palabra y algun dia dentro de cien años, alguien seguira hablando de ti por muchas de las facetas que forman parte de tu vida.
Un abrazo.
 
A cada uno, en esta vida, hay que saber reconocer las virtudes de los demás, a cada uno, nunca lo olvidéis.
 
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