martes

 

Mis manos

Me he mirado las manos, las miré detenidamente, y las vi viejas. Sí, me parecieron que ya empiezan a envejecer. Aunque los síntomas de envejecimiento se muestran en todo el cuerpo, en todos los sentidos; nunca reparé en ello. Empiezan a arrugarse, ligeramente. Los tendones empiezan a sobresalir, a enmarcarse con más claridad, igual que las venas, con esa tonalidad verdosa, así me lo parece. Escribo y no puedo apartar la vista de ellas.
He dejado de escribir por un buen rato, y las he vuelto a mirar, las manos claro, y la verdad que ya no me parecen tan viejas, será que ya estoy un poquito más optimista.
Ha pasado un día entero, y mientras escribo estas palabras, las he vuelto a mirar, y la vista parece jugarme una mala pasada. Mis manos ya no me parecen tan castigadas por el paso del tiempo, parece que han rejuvenecido, o será que mi estado de ánimo es más positivo.
Los de mi generación, como tantas otras, creo que estamos en esa etapa de la vida en la cual hemos llegado a la cima de la misma. Encontrar esa estabilidad que nos mantenga en ella, a algunos, se les hará más difícil que a otros, ya sea por cualquiera de los motivos que nos puedan sacar de esa trayectoria, plácida, bacheada o llena de incertidumbre, que irremediablemente nos llevará al final de la misma.
La mente es un arma poderosa, el que consiga dominarla, sea cual sea sus circunstancias personales, tendrá una herramienta indispensable para afrontar el día a día.
Es fácil dar consejos, interpretarlos ya no tanto, llevarlos a cabo, ya es otra historia.
Las manos podrán estar viejas, arrugadas, pero el espíritu, el espíritu podrá sentirse joven, y si el cuerpo te responde, dale ese movimiento que necesita, no dejes que se atrofie.
Estamos en esa etapa de la vida, en la cual necesitamos seguir sintiéndonos jóvenes, necesitamos alcanzar esos objetivos que quedaron atrás, necesitamos seguir dándole juego a la mente. Es esa etapa, en la cual queremos echar el freno de mano, para que no pase tan rápidamente como la etapa anterior. Pero el tiempo pasa inexorablemente.
En definitiva, necesitamos seguir sintiendo que estamos llenos de vida, al menos, eso creo, ¿y tú?, ¿tú qué crees?

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