sábado

 
UN FINAL INESPERADO


El día amanece soleado, atrás quedo un invierno frio y lluvioso. La primavera hace acto de presencia con fuerza y energía. Hoy es sábado, el colegio nos da un respiro y después del desayuno los niños y niñas toman la calle. Los patios de los pisos de la calle del Pozo reciben con alegría a los niños y niñas que le dan vida, color, sonido y movimiento. Se van formando grupitos marcados por edades, amistad o preferencias. El juego comienza, se suceden las carreras, las risas, las bromas, el griterío, las disputas, todo llena un espacio y un tiempo que formaron nuestro pasado. Las madres establecían un punto de vigilancia desde sus atalayas en balcones y ventanas, oteando el horizonte en busca de la normalidad para regresar tranquila a la tarea emprendida. Los más mayores a veces salíamos del campo de visión de las atalayas y traspasábamos las fronteras del barrio en busca de una nueva diversión, una nueva aventura o una nueva experiencia. Las huertas de nuestro entorno eran lugares muy frecuentados por nosotros. Recuerdo un día que fuimos a la huerta del Policía, ubicada en lo que hoy es la avenida Manuel de Falla y en la parte alta donde está situada la Parroquia había un pozo a ras del suelo, cubierto con unas viejas maderas que hacían de tapadera, nos acercamos a él y alguien, no recuerdo si de nuestro grupo o que merodeaba por allí comentó que el pozo comunicaba con un túnel y en el mismo había armas abandonadas, mencionando que eran espadas, puñales, lanzas etc. Nos mirábamos unos a otros y lentamente comenzamos a quitar las tablas que lo cubrían, las telarañas y el polvo nos indicaban que hacía tiempo que nadie había visitado ese pozo. La tensión y el miedo se palpaba en el ambiente, el silencio así lo demostraba, nadie hablaba, nadie sonreía. Nos asomamos al interior pero no se veía nada, solo una estrecha escalera de hierro oxidada comunicaba la claridad de la superficie con la oscuridad del fondo. Todos queríamos bajar pero ninguno se atrevía, nadie osaba a dar el primer paso. Estábamos agachados alrededor del pozo, mirábamos el fondo tratando de escudriñar en la oscuridad algún movimiento, algún ruido extraño que nos hiciera abandonar aquel siniestro lugar pero no sucedía nada. Comenzó a soplar un poco de viento, las palmeras próximas al pozo impulsadas por el viento proyectaban una sombra en constante movimiento. Solo faltaba la niebla para crear una escena de una película de terror. Algo me decía que yo debía de dar el primer paso y así fue. Comencé a descender por la temblorosa escalera, pero la escalera estaba bien anclada, el que temblaba era yo. Entre peldaño y peldaño el tiempo parecía detenerse, pero yo seguía descendiendo y cuando me encontraba cerca del final empecé a escuchar algo, un ruido, un crujido, no podía distinguir lo que era. El pánico se apodero de mí y decidí poner fin a la aventura, comencé a subir sin mirar hacia abajo pero de pronto me quedé bloqueado, no podía avanzar, algo tiraba de mis piernas hacia abajo, no sabía lo que era y empecé a gritar, mis amigos me preguntaban qué pasa, pero yo no respondía, seguía gritando. Ellos se fueron en busca de ayuda y yo me quede solo, aterrado, sin saber que estaba pasando. Los gritos despertaron a mi madre, ella se acercó a mi cama, me despertó y me preguntó qué te pasa hijo, tienes una pesadilla, yo abrí los ojos y procuré no quedarme dormido porque sabía que el pozo maldito seguía esperándome.

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Comentarios:
Hola Campeón. Como siempre, extraordinario artículo. Mientras lo estaba leyendo, intentaba recordar aquel momento, sin saber que era un sueño, o tal vez no lo era y has cambiado la historia. No recuerdo que aquel pozo tuviera una escalera, lo que si recuerdo es que era bastante amplio y tapado con unas tablas de madera. También recuerdo una especie de garita que lo custodiaba a la entrada y tres vigilantes inmensos, sobre todo una de ellas, me refiero a las palmeras, ¿verdad? La existencia de ese lugar fue conocida por nosotros una vez fueron construidas las viviendas de Manuel de Falla, y no sé muy bien si existía la calle que comunica con la calle Real. Sigue así. Un abrazo.
 
Pregunto,no habia alli un gran sillon de piedra y como especie una fuente rectangular? eso es lo que a quedado en mi mente de la huerta del falla .
 
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