lunes
ODESSA
Sentado en el sofá, próxima la media noche, oteaba la excelente y multitudinaria programación televisiva; castigando constantemente al pobre mando a distancia, buscaba encontrar algo que mereciera la pena de ver: click, click, click …, y más click’s. Después de pulsar muchas teclas y pasar varias veces por todos los canales, hallé una película que forma parte de mi pasado, y que me trajo algunos recuerdos, más bien vestigios muy lejanos.
En mi niñez pasó por mis manos una excelente obra basada en hechos reales. Fue uno de los primeros libros que leí en mi juventud: “Odessa”, de Frederick Forsyth. Aconsejo a los amantes de la lectura y a los iniciados que lean esta fascinante obra de arte.
Excelente adaptación de esta obra a la gran pantalla. La habré visto infinidad de veces, pero nunca me cansaré de verla cada vez que aparezca esporádicamente en la pequeña pantalla, a pesar de tenerla en mi humilde colección particular.
Hacia mediados de los años 70, en aquellos entrañables días de nuestra pubertad, en aquellas calles vírgenes, castigadas por el irrefrenable y comprensible progreso, nos encontrábamos Paquito y yo, creo que también estaban su hermano Luis, Luisito de siempre, y mi hermano Carlos. No recuerdo muy bien, bueno, muy bien no, no recuerdo nada, por qué aquel día se nos antojó ir al cine. Sinceramente, tampoco recuerdo la película que proyectaban esa noche, porque era de noche, bastante de noche, pero creo que era “Odessa”.
Por esa época estudiábamos 7º u 8º de E.G.B., tampoco lo recuerdo, pero qué más da. Entre las asignaturas que cursábamos se encontraba el idioma de Francés; cuanto hubiese dado porque hubiera sido el Inglés, idioma hoy muy demandado y necesario para multitud de trabajos, pero eso fue lo que nos tocó y no hay vuelta atrás.
Teníamos un magnifico profesor de ese idioma, D. Raimundo, aunque, por aquella época no le tenía mucho afecto que digamos, la verdad, ya que era muy exigente, demasiado en mi opinión; siempre mandando estudiar sin pensar que teníamos otras asignaturas, y casi todos los días nos encontrábamos con un control, que yo casi siempre suspendía, porque esta asignatura me atraía bastante poco. Curioso era la forma, el proceder de corregir esos controles; los recogía y volvía a distribuir entre los alumnos, para corregirlos nosotros mismos sobre la marcha, de tal forma que a ninguno nos tocara el nuestro y tomar nota de las puntuaciones.
Pues sí, no sé el motivo, la causa de que aquel día se nos antojase ir al cine, aquel grandioso Cine “San Fernando”, lo de grandioso lo digo por el tamaño.
Lo dicho, nos fuimos al cine, sin pensar que al día siguiente nos estaba esperando D. Raimundo, con sus dichosos controles, y para no perder la costumbre, no habíamos estudiado nada. Pero nos fuimos al cine, y ya era tarde, bastante tarde.
Nada más empezar la película ves a ese periodista paseándose por las calles de Hamburgo, inmerso en ese ambiente navideño, conduciendo su jaguar negro, buscando, persiguiendo la noticia, y la inminente amenaza que corre Israel de ser bombardeado con misiles cargados de peste bubónica, procedentes de Egipto…; te sumerges y te introduces en la película, te acomodas en la butaca y no pierdes ninguna escena de la misma.
Todo iba perfectamente, perdida la noción del tiempo, hasta que nos dimos cuenta de que era demasiado tarde, de que la película era demasiado larga, más de dos horas, de que había que estudiar la dichosa lección de Francés. Increíblemente, nos marchamos, sin verla en su totalidad.
No sé si llegamos a estudiar la lección, pero muchas más lecciones nos ha dado la vida.
En mi niñez pasó por mis manos una excelente obra basada en hechos reales. Fue uno de los primeros libros que leí en mi juventud: “Odessa”, de Frederick Forsyth. Aconsejo a los amantes de la lectura y a los iniciados que lean esta fascinante obra de arte.
Excelente adaptación de esta obra a la gran pantalla. La habré visto infinidad de veces, pero nunca me cansaré de verla cada vez que aparezca esporádicamente en la pequeña pantalla, a pesar de tenerla en mi humilde colección particular.
Hacia mediados de los años 70, en aquellos entrañables días de nuestra pubertad, en aquellas calles vírgenes, castigadas por el irrefrenable y comprensible progreso, nos encontrábamos Paquito y yo, creo que también estaban su hermano Luis, Luisito de siempre, y mi hermano Carlos. No recuerdo muy bien, bueno, muy bien no, no recuerdo nada, por qué aquel día se nos antojó ir al cine. Sinceramente, tampoco recuerdo la película que proyectaban esa noche, porque era de noche, bastante de noche, pero creo que era “Odessa”.
Por esa época estudiábamos 7º u 8º de E.G.B., tampoco lo recuerdo, pero qué más da. Entre las asignaturas que cursábamos se encontraba el idioma de Francés; cuanto hubiese dado porque hubiera sido el Inglés, idioma hoy muy demandado y necesario para multitud de trabajos, pero eso fue lo que nos tocó y no hay vuelta atrás.
Teníamos un magnifico profesor de ese idioma, D. Raimundo, aunque, por aquella época no le tenía mucho afecto que digamos, la verdad, ya que era muy exigente, demasiado en mi opinión; siempre mandando estudiar sin pensar que teníamos otras asignaturas, y casi todos los días nos encontrábamos con un control, que yo casi siempre suspendía, porque esta asignatura me atraía bastante poco. Curioso era la forma, el proceder de corregir esos controles; los recogía y volvía a distribuir entre los alumnos, para corregirlos nosotros mismos sobre la marcha, de tal forma que a ninguno nos tocara el nuestro y tomar nota de las puntuaciones.
Pues sí, no sé el motivo, la causa de que aquel día se nos antojase ir al cine, aquel grandioso Cine “San Fernando”, lo de grandioso lo digo por el tamaño.
Lo dicho, nos fuimos al cine, sin pensar que al día siguiente nos estaba esperando D. Raimundo, con sus dichosos controles, y para no perder la costumbre, no habíamos estudiado nada. Pero nos fuimos al cine, y ya era tarde, bastante tarde.
Nada más empezar la película ves a ese periodista paseándose por las calles de Hamburgo, inmerso en ese ambiente navideño, conduciendo su jaguar negro, buscando, persiguiendo la noticia, y la inminente amenaza que corre Israel de ser bombardeado con misiles cargados de peste bubónica, procedentes de Egipto…; te sumerges y te introduces en la película, te acomodas en la butaca y no pierdes ninguna escena de la misma.
Todo iba perfectamente, perdida la noción del tiempo, hasta que nos dimos cuenta de que era demasiado tarde, de que la película era demasiado larga, más de dos horas, de que había que estudiar la dichosa lección de Francés. Increíblemente, nos marchamos, sin verla en su totalidad.
No sé si llegamos a estudiar la lección, pero muchas más lecciones nos ha dado la vida.
Etiquetas: Odessa
Comentarios:
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Sí que nos hacía estudiar don Raimundo. La última vez que lo ví fue en un centro comercial en el Puerto.
Gracias Fonsi por, como dice un colega, retrotraernos a esos tiempos.
Un abrazo
Manolín
Gracias Fonsi por, como dice un colega, retrotraernos a esos tiempos.
Un abrazo
Manolín
Hola poceros,como casi siempre Alfonsi nos lleva con su pluma al nostálgico pasado, cosa que es de agradecer, ya que nos ayuda a recordar hechos y vivencias que estaban ocultos y olvidados en lo más lejano de nuestra memoria, pero que florecen de nuevo y ven la luz muchos años después.
Creo que leí el libro cuando tenía unos quince años. Por entonces tenia unos amigos de instituto que se dejaban llevar por la fascinación de la maquinaria de guerra de la Alemania nazi. Coleccionaban maquetas, hacían dibujos, buscaban artículos, etc. No tenían la ideología neonazi pero como digo eran admiradores de la tecnología del armamento, como aviones, tanques, las famosas bombas volantes, etc. A mi me contagiaron un poco ese gusto por las maquetas y durante un tiempo las montaba y coleccionaba, principalmente de las alemanas.
Pues bien, cuando leí este libro, fue todo un antídoto. Se me quitaron las ganas incluso de coleccionar las dichosas maquetas, ya que por primera vez me planteé el horror que tuvo que ser, aquel episodio de la historia que nunca tuvo que haberse producido.
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Pues bien, cuando leí este libro, fue todo un antídoto. Se me quitaron las ganas incluso de coleccionar las dichosas maquetas, ya que por primera vez me planteé el horror que tuvo que ser, aquel episodio de la historia que nunca tuvo que haberse producido.
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