Malditos complejos, que pueden llegar a modificar la conducta de una persona, desde su infancia hasta la madurez. La formación recibida, o mejor dicho, la que ha estado ausente. La que le apartó del verdadero camino, que debió haber tomado. Se sintió sólo, cuando no debía, a pesar de estar rodeado de otros seres, muy próximos, pero, que cautivados por el ritmo de la vida, por sus normales preocupaciones; fue ignorado. Estaba encerrado, no lo pudieron liberar, parapetado, debajo de una cama, dentro de su oscuridad, de su blanca piel. La senda donde se encuentra, ya no tiene salida, no se bifurca, es una línea irregular, pero que marcha en un solo sentido. Ya no hay posibilidad de poder cambiarla, está inmerso en ella. No ambiciona riqueza, ni acumula envidia, ni rencor, ni busca consuelo, ni se quiere excusar, asume su papel, equivocado. No quiere ser juez; tampoco, en su debido momento, supo pedir ayuda. No quiere protagonismo, sólo ansía encontrar ese atajo que le lleve a ser esa persona, que pudo haber sido, y que nunca, a lo mejor, sabrá. Con la historia del Pescailla no quería crear un debate, no era mi intención. Forma parte del pasado, no quería abrir puertas, todo lo contrario, debía cerrarlas, y la mejor manera de hacerlo era exponiendo esa parte de la vida llena de oscuridad, que empezó un 29 de Junio de 1974.
Me acuerdo perfectamente de esa fecha, ese día el Real Madrid y el Barcelona jugaban la final de la Copa del Generalísimo, pero no exactamente por ese motivo, sino porque al día siguiente caí enfermo.
Empezaba el verano, estuve en cama una semana, más o menos, tiempo suficiente para dar paso a esos fantasmas, que me tuvieron preso durante ese verano.
Fue duro ese tiempo. Veía toda la programación, todo tipo de deportes. Yo os contemplaba a través de la ventana, sentía envidia, quería estar con vosotros, pero no podía.
Alguna que otra noche salía como un murciélago, pantalón largo, camisa de mangas largas; pegaba cuatro carreras y para el claustro. Debía sentirme como un bicho raro, observado por todo el mundo, pero sólo era un niño con 13 años.
Muchas veces me he preguntado, que hubiese ocurrido si ese día no hubiese caído enfermo… ¿Sería la misma persona que soy ahora, con los mismos defectos, con la misma vida? ¿O tal vez sólo fuera una anécdota y estoy buscando una excusa, porque no me siento realizado en esta vida? Ahora que contemplo estas circunstancias más friamente, creo que nada hubiera cambiado. Lo que soy o pude haber sido, es una mera especulación, sencillamente, porque nunca lo sabremos. Punto y aparte y borrón y cuenta nueva. |