miércoles

 

El Partido

Faltan pocos minutos para que comience el partido; uno de tantos, que fugazmente viene a la memoria, y quizás no tenga tanta importancia: el Real Madrid, el Barcelona, el Atlético de Madrid (la Intercontinental), el Bilbao (la UEFA)..., aquellos maravillosos miércoles que quedaron atrás, un poco atrás. Nos acomodamos en primera fila, un escalón duro y frío, de esa calle que nos ha visto crecer; esperemos que no salga el dueño de la casa, y del escalón, y nos mande a otro escalón más arriba, o más abajo, que más da. Sintonizamos nuestro peculiar transistor y buscamos esa peculiar emisora, ese peculiar comentarista, dueño de la critica, de la ironía, del escándalo. Nos juntamos unos contra otros, porque hace frió, la tarde-noche es oscura, hace un poquito de viento, normal en esta tierra, en esta calle, en este portal, en este escalón. El estadio está a rebozar, lo dice el comentarista, auxiliado por sus colaboradores, así será, por el ruido de fondo que se escucha, o será la emisora que se nos va, que más da. Nosotros seguimos allí, en primera fila, caen unas gotas, pero permanecemos inmóviles, aunque nos miramos de reojo. El partido ya ha comenzado, en realidad hace tiempo que comenzó, aunque éste lleve sólo unos minutos en juego. El equipo de casa sale enfervorecido, empujado por su afición, nos tiene acorralados, metidos en nuestra área; siempre nos pasa igual; otra vez nos toca sufrir, pero, que más da.
Jugamos..., ¿contra quién jugamos?, Bayern de Munich, Anderlecht, Brujas, PSV Eindhoven, Estrella Roja, Ajax, Borussia Moench...., que más da. Como era de esperar, encajamos un gol tempranero. Ese gol tempranero, que en Europa es fatídico encajar, y que todo entrenador desea por todos los medios evitar; falta de concentración, pura psicología, eso será.
Para aliviarnos un poquito del mal sabor de boca que nos ha dejado ese gol, echamos un cigarrillo rubio, fortuna, creo recordar; los primeros cigarrillos, aunque ya hace tiempo que algunos dejamos de fumar. La retransmisión se interrumpe unos instantes para dar paso al sorteo de la once; aquel sorteo compuesto por sólo tres cifras; nos prometemos no olvidar aquel número, pero sinceramente, ya hace mucho tiempo que quedó en el olvido, que más da. A la vuelta del sorteo, todo sigue igual, aunque los nuestros empiezan a espabilar, y con tímidas incursiones empezamos a acercarnos al área contraria y dar muestras de cierta peligrosidad, parece que lo mejor está por llegar.
La noche se hace más cerrada; algunos se marchan: - Tengo que estudiar, o la madre de otro se asoma a la ventana y lo hace llamar: - Venga para arriba que vamos a cenar.
Al final siempre quedan los mismos, pero que más da. Cerca del descanso logramos un gran remate a la salida de un córner y conseguimos empatar el partido, saltamos de júbilo; es el momento ideal para echar otro "fortuna".
Siempre que paso por allí, por aquel escalón, aunque éste ya no existe, pero me lo imagino, afloran aquellos gratos recuerdos: recuerdos de juventud, de inocencia, de timidez...
Llegamos al descanso del partido, nos levantamos y estiramos un poco las piernas, y
escuchamos el análisis que hacen los especialistas del mismo: el arbitro, el entrenador, el delantero, el defensa... A veces quedamos para comentar aquel partido, pero cada vez es más difícil, ¿por qué es tan difícil que los amigos se vuelvan a juntar?.
Porqué será. La segunda parte está a punto de comenzar, pero ésta es otra historia, que no sabemos coma va a terminar.









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