viernes

 

Historias de Patio

Nuestra infancia tiene una gran similitud con la serie “Cuéntame” en sus comienzos, ¿verdad que sí?, pero no voy a escribir de ella, sino del Cuéntame nuestro, el que fue real, el que con estas humildes palabras intento de alguna manera reflejar y conseguir despertar en vuestras memorias. Sí, despertar, porque veo que aún tenéis dormida esa parte de la memoria donde guardáis ese pasado, que aunque no lo creáis, es muy importante, sin pasado, no hay presente, y si os paráis a pensar un poquito, sin presente no hay futuro, o sencillamente el futuro no existe.
No tengáis reparo en contar vuestras experiencias, que servirán para enriquecer nuestro Bloc, ya nos encargaremos de darles forma.
  • O lo he soñado, o en nuestra calle llegó a existir un coche, que una vez aparcado a la altura donde vivían Manolín y José Ramón, se convirtió en una chatarra de cuatro ruedas, incapaz de hacer rugir su motor para siempre, que con el paso de los días su estado se fue haciendo cada vez más penoso, le fueron desapareciendo las piezas hasta que un buen día desapareció, como por arte de magia.
    Creo que perteneció a un hijo de Pepe el Ciego (creo que era así como le llamaban), que vivió en el Bloque de Juany y Pepe Villalba. Pues os podéis imaginar la novedad que representó el poder jugar en un coche de verdad; creo recordar sus colores: azul oscuro mezclado con colores negros.
  • Nuestro patio poseía un bordillo de cemento, que separaba ambos patios, y que utilizábamos de montura de caballo; colocábamos unos cartones y sentados unos detrás de otros emulábamos las películas de pistoleros y romanos. Este bordillo lo utilizábamos como punto de apoyo para nuestros juegos con balón, impidiendo que este saliera del terreno, incluso hasta para regatear al contrario. En otras ocasiones era el lugar ideal para sentarse y hablar de nuestras cosas.
  • El Local donde actualmente existe una carpintería de aluminio, que pertenece a un tal Blanes, tiene su propia historia, y muy dilatada.
    De pequeño siempre creí que fue concebido para que los trabajadores lo utilizaran como aseos. Tenía dos puertas, una a cada lado del local y enfrentadas; disponía de un amplio salón y al fondo a mano derecha, había unos servicios pequeños y estrechos.
    Con el paso del tiempo las puertas desaparecieron, los marcos y parte de la pared, convirtiéndose el salón en una escombrera.
    • Una vez estuve a punto de perder un ojo jugando en este local; aún conservo una pequeña cicatriz en el ojo izquierdo. El bueno de Cristóbal, hijo de Carmen Palomo, salía corriendo por la puerta que da acceso a nuestro patio, con una escopeta de juguete en sus manos, de las que antiguamente llevaban un rollito de “mixtos” en su tambor y que al recibir un impacto del percutor, explotaban, pero con el cañón de hierro, y en ese preciso instante, entraba yo corriendo. Os podéis imaginar donde fue a parar el cañón de la escopeta.
    • Un vagabundo lo tomó por vivienda casual, con barbas, mal vestido y con muchos trastos, hasta que un día, enfermaría, ya que una ambulancia se lo llevó en la camilla. Espero que os lleguéis a acordar de este suceso, porque alguien podría pensar que me lo estoy inventando.
    • Como era lógico, era un lugar donde abundaban los ratones, y entre estos diminutos animalitos, había uno que destacaba por su color blanquecino; lo habíamos avistado en varias ocasiones y estábamos dispuestos a atraparlo. Y un día, entre los escombros y en las proximidades de los aseos, entre Manolíto de Regla y yo, conseguimos atraparlo y meterlo en una lata. No se si también estaba con nosotros su hermano Miguel. ¡Que contentos íbamos con nuestro ratón casi blanco!, pero no se que le pasó a Manolíto, que se asustó, soltó la lata, y el dichoso ratón se escapó y por mucho que buscamos entre los escombros desapareció entre ellos para siempre.
    • Mas tarde, este local sirvió como alojamiento provisional para familias necesitadas, construyéndose un pequeño cuarto donde se encontraba la antigua puerta de entrada por nuestro patio, cuyo rincón saliente utilizábamos como poste y meadero. Cuando los patios fueron enlozados, este cuarto desapareció.
    • La pared de este local la hemos utilizado como portería, para jugar al tenis, al frontón, al eliminar…, incluso alguno llegó a utilizarla como trampolín para subirse a su techo en busca de los balones que embarcaban, con la única ayuda de la fuerza de sus brazos y piernas.

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