miércoles

 

Por unos cigarrillos

Íbamos la pandilla de siempre, caminando por la calle San Onofre, después de haber hecho negocio con el señor “Gatito”, o sea, que le habíamos vendido esos cartones, que nosotros, de vez en cuando, recogíamos con entusiasmo, con la única finalidad de obtener unas pesetillas para comprarnos unas chucherías.
Ahora que me detengo en este relato, y si vosotros hacéis lo mismo, nos paramos a pensar y recordar cuanta inocencia despedíamos, cuanta candidez…; y que rumbos tan dispares hemos tomado cada uno, para confluir en esta humilde página, para intentar rememorar algunos de aquellos momentos y darles vida de alguna manera y fortalecer nuestra amistad en el presente.
Pues a lo que iba, me encontré un paquete de cigarrillos, "LM" creo recordar, con tres o cuatros cigarros en su interior, y conjuramos entre nosotros que nos los fumaríamos.
Nos fuimos al “Canal”; recuerdo que llovía, y nos encontramos una improvisada caseta echa por otros chavales, abandonada, de cartones y plásticos o cualquier cosa que sirviera de techo; pues allí nos introducimos. No recuerdo muy bien quienes íbamos, pero estoy seguro que Manolín y José Ramón estaban presentes, y creo que también Paquito, me sorprendería que él no hubiese estado. Pues allí cometimos aquella gran “fechoría”. Como a José Ramón no le dejamos fumar, a la vuelta se “chivó” a sus Padres, y por lo tanto los míos también se enteraron, como es normal. Pues sentí tanta vergüenza, y por miedo a que mi Padre me “zumbara”, con aquella maravillosa correa de cuero, me encerré en una habitación y me escondí debajo de la cama, y así estuve un día entero.
En la vida los problemas y errores hay asumirlos y hacerles frente, de nada vale aparcarlos para mañana, así que no te escondas debajo de la cama, ni eches el cerrojillo de tu habitación, porque tarde o temprano, tendrás que salir.




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