lunes
Ajedrez
Sobre finales de los 70, nos entró el gusanillo del ajedrez, ya a una edad bastante tardía. Empezaba a llegar a nuestros oídos los nombres de Anatoli Kárpov, Bobby Fischer, Viktor Korchnói… Fischer había renunciado, años atrás, a defender su título de campeón mundial de ajedrez tras diversos problemas con la FIDE, tras arrebatar, después de muchos años, la preciada corona a los rusos, concretamente a Borís Spaski. Desgraciadamente, este gran genio del ajedrez se enclaustró y desapareció de la escena del ajedrez, para morir en el 2008.
El enfrentamiento entre Kárpov y Korchnói en el año 1978, nos abrió los ojos por este fascinante mundo de las 64 casillas. Nuestros primeros escarceos entre peones, caballos y alfiles, comenzaron en la inolvidable Asociación de Vecinos del Carmen. En la humilde biblioteca de este recinto, por llamarle de alguna manera, había un librito de ajedrez, que nos introdujo de una manera provechosa en los entresijos de este juego: aperturas, medio juego, finales… Recuerdo que el pobre estaba bastante desgastado de tanto uso, había pasado en un corto periodo de tiempo por muchas manos; por mucho que lo intento, no logro recordar su título, una pena. Con este librito aprendimos la nomenclatura descriptiva (ahora predomina la algebraica), para descifrar aquellas partidas que reproducían los periódicos de la época. Entre nosotros había peleas por recortar la partida que traía, y sigue trayendo el periódico “El País”.
Por la barriada empezó a proliferar tableros de ajedrez de todo tipo con sus peculiares piezas listas para el combate, hasta tal punto que llegamos a organizar torneos entre nosotros, y, hasta la entrañable Asociación de Vecinos, organizó algún que otro torneo entre sus socios, y sin pecar de falsa modestia, gané uno de ellos. Me regalaron un bolígrafo de plástico, me pareció tan ridículo, que lo rompí y lo tiré. En la actualidad, somos pocos los que aún conservamos esta afición, y ya que estamos inmersos en el mundo de la informática, no sería mala idea emular aquellos campeonatos de barrio que un día llegamos a organizar, a través de Internet. Ahí queda la propuesta, que visto lo visto, caerá en saco roto, si lo sabré yo.
El enfrentamiento entre Kárpov y Korchnói en el año 1978, nos abrió los ojos por este fascinante mundo de las 64 casillas. Nuestros primeros escarceos entre peones, caballos y alfiles, comenzaron en la inolvidable Asociación de Vecinos del Carmen. En la humilde biblioteca de este recinto, por llamarle de alguna manera, había un librito de ajedrez, que nos introdujo de una manera provechosa en los entresijos de este juego: aperturas, medio juego, finales… Recuerdo que el pobre estaba bastante desgastado de tanto uso, había pasado en un corto periodo de tiempo por muchas manos; por mucho que lo intento, no logro recordar su título, una pena. Con este librito aprendimos la nomenclatura descriptiva (ahora predomina la algebraica), para descifrar aquellas partidas que reproducían los periódicos de la época. Entre nosotros había peleas por recortar la partida que traía, y sigue trayendo el periódico “El País”.
Por la barriada empezó a proliferar tableros de ajedrez de todo tipo con sus peculiares piezas listas para el combate, hasta tal punto que llegamos a organizar torneos entre nosotros, y, hasta la entrañable Asociación de Vecinos, organizó algún que otro torneo entre sus socios, y sin pecar de falsa modestia, gané uno de ellos. Me regalaron un bolígrafo de plástico, me pareció tan ridículo, que lo rompí y lo tiré. En la actualidad, somos pocos los que aún conservamos esta afición, y ya que estamos inmersos en el mundo de la informática, no sería mala idea emular aquellos campeonatos de barrio que un día llegamos a organizar, a través de Internet. Ahí queda la propuesta, que visto lo visto, caerá en saco roto, si lo sabré yo.
Etiquetas: Ajedrez
Comentarios:
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Con este articulo me viene a la memoria Carlos "el barba" con su semblante serio y su paquete de ducados, cigarrillos que devoraba en cada partida que jugaba.
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